jueves, 15 de abril de 2021

De una Lean-startup a una Ripe-startup


Hay diferentes definiciones de startup. Eso quiere decir que no hay una universalmente aceptada.

Podemos clasificar estas definiciones en dos tipos:

1.       Las que consideran que la empresa está creada y

2.       Las que consideran que todavía no lo está.

En cuanto al primer tipo, la más clásica, hay diferentes versiones. Sin embargo, esta puede ser representativa del concepto:

Una startup es una nueva empresa en fase de desarrollo de mercado, generalmente de alto crecimiento, con un producto/servicio asociado a las nuevas tecnologías o a un modelo de negocio innovador.

Esta definición no precisa cuando una startup deja de serlo. Hay referencias que hacen propuestas, como por ejemplo:

  • Cuando tiene más de tres años de vida (en otros sitios se habla de hasta diez años) como empresa.
  • Cuando su fuente de inspiración es la competencia.
  • Cuando empieza a tener beneficios.
  • Incluso, hay quien señala que deja de ser una startup cuando los fundadores trabajan ocho horas diarias o menos.

El problema de la definición clásica no es solo cuando una startup deja de serlo, si no cuando empieza a serlo. ¿Es una startup un proyecto emprendedor que todavía no se ha constituido como empresa? En muchos caso se entiende que sí, pero esto no encaja en la definición.

El segundo tipo de definición tiene una década, y aparece con la metodología del Desarrollo de Clientes de Steve Blank.

La definición de startup en este caso es:

Una startup es una organización temporal cuyo objetivo es encontrar un Modelo de Negocio que funcione (si es posible escalable) en condiciones de gran incertidumbre.

Es frecuente que más que una “organización” sea una “desorganización”, ya que en esta fase los roles de los cofundadores no están bien definidos y todo el mundo hace de todo.

Una startup en este último sentido no es una empresa en pequeño, lo que contradice la definición clásica. Es más bien un experimento cuyo objetivo es encontrar un Modelo de Negocio.

Eric Ries, introduce el concepto de metodología lean en el mundo del emprendimiento para encontrar ese Modelo de Negocio y desarrollar en paralelo el Mínimo Producto Viable (al que yo llamo Vendible). Entendemos la palabra lean como ligero, rápido, enjuto. El término procede la metodología Lean Manufacturing implantada en Toyota para evitar las pérdidas de tiempo o recursos en las operaciones de fabricación. “Fracasa rápido y barato”, decía Eric Ries.

En este caso la startup empieza cuando empieza el proyecto emprendedor y deja de serlo cuando ha encontrado el Modelo de Negocio y empieza a explotarlo.

Este problema de nomenclatura se podría arreglar separando dos nombres diferentes para el que ahora se llama una startup.

Propongo desde estas líneas poner como nombre a un proyecto emprendedor que está buscando el Modelo de Negocio, el de Lean-startup. Igual que la metodología Lean Startup, pero utilizada aquí como nombre para el tipo de startup correspondiente a la segunda definición.

En cuanto a la startup en el sentido clásico la podemos llamar Ripe-startup (ripe en el sentido de madurez) a una startup que ya ha encontrado el Modelo de Negocio y lo está ejecutando como empresa.

Dos nombres diferentes para una desambiguación: En el primer caso se busca el Modelo de Negocio, en el segundo su explotación. El emprendimiento es un camino que va de una Lean-startup a una Ripe-startup.


miércoles, 31 de marzo de 2021

El error de crear la empresa al empezar


Muchos emprendedores cuando tienen un primer prototipo de su dispositivo, sistema o servicio, se plantean constituir una empresa. Y eso lo pretenden hacer, aunque todavía no tengan ningún cliente. ¡¡Gran error!!

Por muy maravilloso que sea nuestro dispositivo, extraordinario nuestro sistema o eficiente nuestro servicio, sin clientes no hay empresa.

Fantaseamos con el acto de constitución de la empresa como el beso de la princesa que convertirá nuestro todavía sapo en un apuesto príncipe. Imaginamos que saldremos de la notaría investidos de un aura que atraerá masivamente a los clientes. Suponemos que los inversores competirán por financiar nuestra empresa. Pensamos que dispondremos de unos estatutos que regularán nuestro funcionamiento y una escritura pública que nos abrirá todas las puertas.

¡¡Todo es un sueño!! Los clientes no vendrán porque tengamos la empresa creada. Los inversores no pondrán un euro si no tenemos clientes. Las puertas seguirán cerradas aunque tengamos una escritura de constitución inscrita en el Registro correspondiente.

En realidad, el sueño es una pesadilla de pérdidas de tiempo, de gastos y, sobre todo, de burocracia, mucha burocracia. Y si nuestra aventura es una de las nueve de cada diez que fracasan, la pesadilla se convierte en un verdadero infierno. Clausurar una empresa es un proceso más burocrático y costoso que crearla. Especialmente porque el cierre se produce cuando ya no queda ni dinero, ni tiempo, ni ilusión.

Para plantearse crear una empresa hay que haber alcanzado dos objetivos:    

  1. Disponer de un Mínimo Producto Vendible (no solo viable) y
  2. Tener validado el Modelo de Negocio.

Dicho de otro modo, tener los primeros clientes dispuestos a comprar nuestro producto o servicio.

Debemos enfocarnos en nuestro proyecto desde el punto de vista técnico y de negocio. Solamente cuando tengamos que facturar las primeras ventas podemos pensar (no necesariamente hacerlo) en constituir la sociedad, no antes. No cometamos el error de crear la empresa al empezar


lunes, 15 de marzo de 2021

Acuerdo de Fundadores


 

Los conflictos entre los fundadores están asegurados por mil motivos como, por ejemplo, el proceso de toma de decisiones. Por eso, lo primero que tienen que hacer es firmar entre ellos un Acuerdo de Fundadores.

En un principio, puede parecer innecesario y hasta improcedente proponer firmar un documento de este tipo. Incluso, puede dar la sensación de que quien lo propone hace una demostración de desconfianza respecto al resto de fundadores. Sin embargo, esta es una de las decisiones más necesarias, ineludibles y urgentes que se debe tomar cuando se crea un equipo de fundadores. Es decir, una startup en el sentido lean.

El Acuerdo de Fundadores es un instrumento para regular el funcionamiento de la startup desde que se crea el equipo de fundadores hasta la constitución de la empresa. Este tipo de acuerdo es diferente al conocido como Pacto de Socios que se firma cuando la startup se constituye como empresa o cuando entran inversores en ella. En nuestro caso los fundadores no son socios porque la sociedad no está todavía legalmente constituida.

El Acuerdo de Fundadores debe contemplar aspectos como las líneas maestras del proyecto, la filosofía y la cultura de la startup, la participación que tendrá cada fundador cuando se cree la empresa en función de dedicación y sus aportaciones en dinero, las condiciones para la marcha de un fundador, el procedimiento para la toma de decisiones, etc.

Cuando hablamos de equipo de la startup (en el sentido lean), hay que distinguir muy bien los diferentes roles de fundador, de trabajador y de aportar recursos para financiar el proyecto. Un fundador puede tener los tres papeles y ha de quedar muy claro que los tres son independientes. Por ejemplo, si un fundador no cumple como trabajador con las responsabilidades asignadas puede ser despedido como tal. Sin embargo, puede mantener su continuidad como fundador. Todo ello ha de quedar muy claro en el Acuerdo de Fundadores.

Los fundadores que trabajan en el proyecto deben recibir un salario en función de su dedicación, de su nivel de responsabilidad y de su capacidad. Es importante poner sueldos de mercado, sin embargo, si no es posible pagar la totalidad del salario, el resto debe constituirse como un préstamo a la startup.

Los fundadores pueden poner dinero en el proyecto. Si la empresa no está todavía constituida se puede considerar que el dinero aportado es un préstamo en el mismo sentido que el trabajo no cobrado. Finalmente, el dinero aportado como trabajo o en efectivo se puede convertir en participaciones de la empresa o devolverse en las condiciones que se determinen en el Acuerdo de Fundadores.

Cuando finalmente se constituye la empresa, es posible valorar como un activo el producto desarrollado/servicio en una cantidad que puede reflejar las aportaciones de cada fundador tanto en dinero como en trabajo y capitalizar dicha inversión en las participaciones de cada socio de la empresa.

Si hay un punto importante que se ha de hacer al principio de crear un equipo emprendedor es dejar las cosas claras y firmadas en un Acuerdo de Fundadores.

 

domingo, 28 de febrero de 2021

Análisis de la Idea de Negocio


Entre el descubrimiento de una oportunidad (suceso pasivo) y su impulso (proceso activo), hay una etapa intermedia de análisis de la Idea de Negocio que se realiza en dos pasos.

El primer paso es de reflexión personal, estudio, meditación y búsqueda de información. Por ejemplo, investigar en internet la existencia de empresas que trabajan con productos, sistemas o servicios similares en el mercado.

El segundo paso consiste en contrastar la idea, ya estudiada, con nuestro círculo más próximo de familiares, amigos, colegas y otros contactos. Esta maduración “en voz alta" con personas de nuestro entorno, nos permite recoger respuestas que de alguna manera tienen en cuenta, además de la idea en sí misma, su percepción de nosotros y de nuestras capacidades para llevarla adelante.

De forma recíproca, dado que también nosotros conocemos a nuestros interlocutores, podemos dar mayor validez a sus respuestas en función de quién nos las expone. Por ejemplo, familiares muy allegado como los padres pueden aconsejar abandonar el proyecto porque quieren evitarnos los problemas personales derivados del riesgo de montar un negocio.

El objetivo del análisis de la idea de negocio es “desenamorar" al emprendedor de su idea e introducir percepciones objetivas y externas, pero sinceras y próximas. Las respuestas más valiosas serán de aquellas personas que consideramos más imparciales y conocedoras del tema. Nunca debemos considerar como mejores aquellas respuestas que nos dan la razón para no desilusionarnos.

Para comunicar nuestra idea de negocio se puede preparar una pequeña descripción que permita exponerla en 2 o 3 minutos que dé lugar a sugerencias, comentarios y preguntas, a ser posible críticas, por parte de nuestros interlocutores.

En este resumen del proyecto se ha de explicar el producto o servicio, quienes serían los clientes, qué problema queremos resolver, cómo obtendremos ingresos, la competencia que tendríamos y cual sería nuestra fortaleza. La explicación puede tener diferentes versiones en función del interlocutor. No es lo mismo explicarlo a nuestros padres que a un experto en el tema.

El análisis de la Idea de Negocio no tiene que durar más allá de un par semanas. Si la respuesta fuese positiva pasaríamos a la fase del Modelo de Negocio, si las respuestas fuesen negativas de forma generalizada, lo mejor sería renunciar a la idea lo antes posible. Como propone la Metodología Lean Startup lo mejor es fracasar rápido y barato y para eso lo apropiado es hacer un rápido análisis de la Idea de Negocio.


lunes, 15 de febrero de 2021

Emprender no es solamente una cuestión de espíritu

El espíritu de un asalariado es el de una persona que vende su tiempo a otro que le ordena lo que debe hacer con él. Hablamos de una “esclavitud” a tiempo parcial. Por eso el sueño de casi todo empleado es jubilarse para vivir sin tener que depender de su “amo”.

Desde un punto de vista financiero, un empleado invierte tiempo y dinero en formación para después buscar un empleo que le permita rentabilizar dicha inversión. El asalariado se prepara para ser más atractivo que su competencia. Es decir, respecto a aquellos que se sentaron en similares bancadas de otras escuelas o universidades. Su salario no es más que un bien que tiene el precio que determina la relación oferta-demanda del mercado.

Un emprendedor, sin embargo, es un creador que invierte su tiempo en generar ideas e impulsarlas. Su espacio, la aventura, la libertad y el riesgo. Su objetivo, cambiar el mundo o alguna parte de él. Su recompensa, los beneficios por su inversión, pero, sobre todo, la satisfacción por conseguirlo. Por eso, aunque sus recursos les permitan vivir de rentas, los emprendedores continúan activos e impulsan nuevos proyectos o los financian y tutorizan.

Desde un punto de vista financiero, ser emprendedor implica una gran incertidumbre. Por eso, el retorno es mucho mayor si tiene éxito. El valor de una startup cuando ya se ha validado su Modelo de Negocio está en relación directa con la dificultad de lograr las expectativas que se generaron inicialmente.

Impulsar un proyecto emprendedor requiere mantener el entusiasmo que proporciona la ilusión del objetivo a conseguir. Muchas veces esto es condición necesaria pero no suficiente, también se necesitan recursos económicos.

Los recursos necesarios podrían provenir del capital riesgo (Business Angels o Fondos de Capital). Sin embargo, el capital riesgo, solamente invierte cuando considera que hay unas aceptables probabilidades de éxito. La startup debe haber desarrollado un mínimo producto vendible (no solo viable) y tener unos primeros clientes. Adicionalmente, para disponer de ese dinero se ha de constituir legalmente la empresa lo que significa lidiar con el infierno de la burocracia y con gastos permanentes.

Si el capital riesgo no invierte cuando el proyecto es todavía una Idea de Negocio, ¿quién lo hace? En la mayoría de los casos son los propios emprendedores quienes se juegan sus ahorros y su dedicación sin cobrar. Sin embargo, si los emprendedores no pueden financiar el proyecto ni su propia supervivencia, el proyecto no arranca o se detiene.

Para dar soluciones a esta situación se ha lanzado Ekiter. Una plataforma donde obtener recursos a través de campañas de crowdfunding y de colaboraciones. Ekiter evita tener que dilapidar tiempo y dinero en burocracia inútil.

Ser empleado o emprendedor es una cuestión de mentalidad que también afecta a la inversión personal de tiempo y dinero. Aunque es esencial, emprender no es solamente una cuestión de espíritu.