
La pregunta ahora sería: ¿Qué es lo más conveniente? ¿De qué debe
depender la decisión de tomar uno u otro tipo de camino?
Hay una respuesta clara que no siempre es posible implantar: La mejor solución para la financiación de una startup es no tener la necesidad de buscarla y poder vivir y crecer de
los clientes y no de los inversores.
Si queremos/necesitamos financiación externa, en la mayoría de las
ocasiones la posibilidad de encontrarla depende de varios factores, como es el
equipo o el propio proyecto y su estado de evolución.
Si consideramos el factor proyecto, más vale no lanzarse a pedir
financiación a inversores de capital riesgo si nuestro negocio no es escalable,
aunque sea viable, ya que difícilmente encontraremos quien ponga recursos si no
pueden tener una salida como socios por la venta de su participación con un
buen retorno de su inversión. Esto ocurre cuando nuestro proyecto tiene unas
perspectivas de bajo crecimiento y se puede quedar en una empresa que permita
vivir al equipo que trabaja en ella, pero no aumentar su valor de forma
escalable. Es lo que llaman los inversores un muerto viviente.
Otro punto importante es la elección del momento adecuado para empezar a buscar la financiación. Hay que tener muy en cuenta que no se puede
salir tan temprano que no sea posible demostrar que nuestro proyecto tiene
capacidad de crecer de forma escalable, ni sin tener los primeros clientes, aunque sean pocos.
Otra cosa es ir “calentando motores”, es decir, dar a conocer nuestro proyecto
para cuando salgamos a pedir financiación nuestro proyecto ya sea conocido por
aquellos a los que vamos a pedir los recursos. Por último, no hay que perder de
vista que el proceso de búsqueda puede durar unos meses.
Una startup para que tenga éxito necesita vender y no solamente su
producto o servicio a los clientes, (sin clientes no hay empresa), sino que si busca financiación, además
de tener validado el modelo de negocio y los primeros early adopters, también ha
de vender el proyecto a los inversores.