domingo, 15 de marzo de 2015

La cultura de una sociedad emprendedora

En algunas ocasiones, se puede oír a los políticos decir que el nuestro es un país innovador y emprendedor porque en algún momento de la historia lo fue. Sin embargo, en la actualidad los indicadores dicen que estamos lejos de serlo.
El caso de Finlandia es paradigmático. Emerge con fuerza en los años 90 de una situación de carencias, se convierte en una economía ejemplar de la mano de una empresa como Nokia y es el espejo del éxito donde mirarse. Sin embargo, producto de ese monocultivo y del estancamiento de sus variables macroeconómicas durante los últimos siete años, Finlandia ha dejado de ser la referencia económica obligada.
Esto ha sido siempre así. En la Prehistoria del Oriente Próximo, el Creciente Fértil permitió hace unos 10.000 años que los cazadores-recolectores se convirtiesen en los primeros agricultores-ganaderos que dieron lugar a unas sociedades innovadoras que desarrollaron entre otras muchas cosas la rueda y la escritura. Salían con una gran ventaja, sin embargo hoy, es una de las zonas del mundo con más atraso y analfabetismo, a la que contemplamos, atónitos, como autodestruye su propio patrimonio.
A veces los resultados son producto de la suerte o de unas decisiones acertadas o equivocadas, otras del abrazo de religiones “salvadoras”, como la que ha producido la sacudida del magma musulmán que apunto Ortega hace más de ochenta años. Sin embargo, además de la suerte o de otros avatares, en nuestros días, la batalla de la innovación y del emprendimiento es condición necesaria y se tiene que dar cada día y en todos los niveles de la sociedad, desde el ciudadano de a pie, hasta las más altas instituciones del país, porque sin esta cultura el mantenimiento del estado del bienestar peligra, como hemos podido comprobar y padecer, a consecuencia de los efectos de la crisis.

No es un planteamiento político ni de derechas ni de izquierdas. La respuesta en un mundo sin fronteras comerciales es la competitividad y esta solamente se puede lograr desde la cultura de una sociedad emprendedora. 

sábado, 28 de febrero de 2015

Un buen estudiante de Arqueología

A finales de noviembre del año pasado estaba programada en mi universidad (UAB), la celebración del día del emprendedor. El objetivo era fomentar el espíritu emprendedor de los estudiantes y formarlos en emprendimiento. El programa tenía una estructura estándar para estos casos: una inauguración oficial, conferencias invitadas y mesas redondas…Sin embargo, el acto no se pudo celebrar porque unos estudiantes, fundamentalmente de “letras”, lo impidieron a la voz de “fuera empresas de la universidad!!”.
Me acerqué a uno de los estudiantes del grupo que se oponía a la celebración del acto para preguntarle el porqué de su oposición ya que la idea era dar oportunidades a sus compañeros que querían asistir al acto para tirar adelante proyectos emprendedores. Adicionalmente, le dije que yo estaba fomentando el emprendimiento y que si me convencía de que estaba equivocado, lo dejaría y me dedicaría a otra cosa.
Parafraseando a Unamuno, no me convenció, pero si me venció. Era un estudiante de Arqueología, quizás de los que llenan de "pinturas rupestres" las paredes de la universidad en tiempos de las redes sociales, que quería abolir el capitalismo y que por tanto un acto como aquel donde venían emprendedores pero ya convertidos en empresarios, no podía tener cabida en la universidad, que él era un buen estudiante y que sus expectativas de trabajo con una carrera como la suya, eran nulas. Le dije que en muestro centro de investigación(CVC) habíamos trabajado en la reconstrucción automática de vasijas arqueológicas a partir de fragmentos y que nos habría venido bien el asesoramiento de un buen arqueólogo. A pesar de todos mis razonamientos no pude convencerle.
Digo que me venció porque el acto no se celebró, pero no me convenció porque sigo fomentando el emprendimiento para que alguien que emprenda, cree puestos de trabajo y pueda ofrecer uno a un buen estudiante de Arqueología. 

domingo, 15 de febrero de 2015

Emprendedores y empresarios

La definición de emprendedor en el sentido empresarial ha ido cambiando con el tiempo. Desde el de revendedor en el siglo XVIII (R. Cantillon), pasando por el de empresario en el siglo XIX (B.P. Say) y la identificación con el de empresario-innovador en el siglo XX (J. Schumpeter).
Hoy en día un emprendedor es la persona que descubre oportunidades de negocio, pone estas ideas en marcha y organiza los recursos para que el proyecto emprendedor se convierta en una empresa. Podemos decir que el objetivo de un emprendedor es normalmente convertirse en empresario, aunque hay emprendedores que siempre quieren ser emprendedores y empiezan permanentemente nuevos proyectos. Son los emprendedores en serie, los aventureros del emprendimiento.
La actividad que hace el emprendedor es emprender, en cambio la que hace el empresario no tiene verbo. ¿Empresar? ¿Empresariar?. Un empresario es aquella persona propietaria o copropietaria de una empresa que fija los objetivos de la misma y toma las decisiones estratégicas, la gestiona directa o indirectamente basándose en los recursos disponibles y asume las responsabilidades frente a terceros.
Estas definiciones no son totalmente aceptadas, pasa lo mismo que con la diferencia entre una startup y una empresa. La definición actual de startup es la de un proyecto en busca de un modelo de negocio viable para convertirse en empresa. Sin embargo, la empresa ya tiene el modelo de negocio y lo que hace es ejecutar un plan estratégico (el plan de empresa) para explotar ese modelo de negocio. En resumen, una startup es una proto-empresa de la misma forma que un emprendedor es un proto-empresario.

En nuestro país los emprendedores tienen buena prensa, son personas activas, guiadas por la pasión más que por la razón, con ideas y con esfuerzo para llevarlas adelante, generalmente gente joven y sin dinero suficiente para lograr sus objetivos. Sin embargo, los empresarios no tienen buena prensa, la opinión pública piensa de ellos que son depredadores de sus empleados a los que pagan lo mínimo permisible y a los que exigen lo máximo posible y todo ello para enriquecerse. En general esto no es así, la mayoría de los empresarios son personas que luchan día a día por sacar adelante sus empresas y mantener a sus empleados, a veces en un entorno poco favorable que no les deja opción a pensar en el futuro e innovar procesos y productos. Sería interesante, que cuando los emprendedores acaben siendo empresarios, mantengan ese espíritu innovador que les llevo a crear una startup y traten de eliminar esa barrera que existe en la sociedad respecto a los empresarios que lleva a separar entre buenos y malos a emprendedores y empresarios.

sábado, 31 de enero de 2015

Herramientas para la formación universitaria en emprendimiento

Como ya he comentado en otras entradas de este blog, considero que la formación universitaria en emprendimiento es muy importante, tanto para los propios estudiantes, como para la propia sociedad. Sin embargo, creo que las universidades no están utilizando todos los instrumentos que tienen a su disposición para implantarla.
Entre las herramientas posibles, en primer lugar quiero mencionar las asignaturas optativas. Estas asignaturas (optativas o no)  generalmente solo están en grados muy concretos, como por ejemplo, en estudios de economía o empresariales. Cuando en realidad, deberían estar incluidos en otros muchos estudios. Esto suele suceder porque los departamentos ligados a una titulación no tienen interés en este tipo de asignaturas alejadas de su ámbito de investigación.
Una solución alternativa serían los créditos de libre configuración. Aunque la idea del Ministerio es que estos créditos estén orientados a actividades culturales, asociativas, deportivas o solidarias, en algunas universidades ya se tienen en cuenta otro tipo de cursos transversales como lenguas, ética, etc., siguiendo la filosofía de las actividades de los créditos de libre elección de las antiguas licenciaturas y diplomaturas. Con esta idea se podrían hacer cursos, seminarios, talleres, conferencias y además permitirían reunir estudiantes de diferentes facultades y escuelas.
Otro instrumento con interesantes posibilidades, se abre con la introducción generalizada de los trabajos final de grado para todas las titulaciones. Mi experiencia en dirigir proyectos fin de carrera en las antiguas titulaciones de ingeniería, me han permitido tutorizar proyectos que han tenido una parte técnica y una parte ligada a la creación de una empresa como consecuencia final del desarrollo de la parte técnica. Es más, estos proyectos, los he dirigido para grupos de dos o tres alumnos. Los alumnos defendían en conjunto la parte común, pero también tenían que defender la parte personal, tanto técnica (el título al que optaban era de ingeniero), como la parte empresarial.  
Una de las  limitaciones de estos proyecto era que todos los componentes de los grupos eran estudiantes de ingeniería, ya que el resto de estudios no tenían que hacer este tipo de proyectos. Como actualmente los trabajos final de grado, son obligatorios para todos los estudiantes independiente de la carrera, se debería fomentar la realización de proyectos con grupos mixtos formados por estudiantes procedentes de diferentes facultades, donde la diversidad enriquecería los proyectos con visiones multidisciplinares. De momento, no he podido convencer a dos facultades diferentes para hacer un proyecto piloto.
Otro posible instrumento que pienso que podría ser interesante, es que todos los alumnos tuviesen la oportunidad, y les fuese valorada, de introducir un breve estudio del modelo de negocio de su trabajo final de grado (si es que el proyecto se adecúa). Aquí los directores de proyectos deberían impulsar el que así fuese. Quizás ellos mismos necesitarían una pequeña formación o soporte.

La universidad puede hacer más por la empleabilidad de los estudiantes y dada la situación de los jóvenes egresados de nuestras universidades creo que se deberían implantar y utilizar todas las posibles herramientas para la formación universitaria en emprendimiento.

jueves, 15 de enero de 2015

El impulso del emprendimiento universitario (Publicado en Tecnonews, enero de 2015)

El mayor problema que tiene nuestra sociedad es el paro (el segundo mayor de Europa) y en particular el juvenil (el mayor de Europa), y como consecuencia del gran desequilibrio entre la oferta y la demanda, el subempleo (el mayor de Europa entre los titulados universitarios).
Estudios realizados en EEUU por la Kaufman Foundation, mostraban que mientras las empresas tradicionales perdían un millón de puestos de trabajo anualmente, las nuevas creaban 3 millones. Estos resultados son comprensibles, especialmente en tiempos de crisis, donde las empresas clásicas no asumen tanto riesgo como las recién creadas (y quizás deba ser así). el principal objetivo, por tanto, debería ser aumentar la natalidad empresarial para ampliar la base de su pirámide demográfica.
En el ámbito universitario, del que trata este post, se están impulsando programas públicos orientados fundamentalmente a promocionar la creación de empresas spin-off a partir de los resultados de los grupos de I+D. Aunque la experiencia de los últimos años no ha sido muy brillante, ni por el número de proyectos, ni por el tamaño alcanzado por los mismos, esta es una iniciativa positiva. Sin embargo, estas empresas suelen estar creadas por doctores recientes o por investigadores, unos colectivos, que salvo excepciones, tienen unos perfiles de reflexión más que de acción en el sentido maxweberiano. En EEUU, un referente en estas políticas, solamente un 10% de las empresas de alta tecnología están creadas por doctores y un 80% por graduados y masters. Apple, Microsoft o Facebook son un buen ejemplo. Todo ello sin contar con las nueva empresas no tecnológicas que también inciden favorablemente en el empleo.
Es posible que nuestros políticos focalicen su atención y ayudas en programas de spin-off porque les permiten justificar un gasto en I+D que tiene pobres retornos para los ciudadanos que las financian y a los que se les transmite desde hace décadas que son inversiones de futuro, de un futuro que probablemente no llegará porque se han invertido los términos en que se plantean estos procesos. Es la innovación empresarial la que ha de estirar de la I+D y no al contrario. Ese gasto de I+D (que no inversión) solamente beneficia a los países que tienen capacidad para convertirla en PIB la investigación que hacemos aquí y emplea a los mejores doctores que hemos formado en nuestro país. Qué balanza internacional de conocimiento y talento más desastrosa!!
Si nuestro tejido empresarial no es suficientemente innovador, necesitamos incorporar otro nuevo al ya existente. No hay soluciones mágicas, pero se ha de crear una cultura emprendedora a través de la educación de la sociedad y una vía de materializarla es incluirla en todos los niveles formativos y en particular en la universidad. Será un proceso cuyos resultados se obtendrán a largo plazo, desgraciadamente más largo que la duración de una legislatura.
Aunque en el entorno universitario el escenario emprendedor está cambiando, muchas veces de forma puntual o por iniciativas personales, sin embargo, ni política, ni institucionalmente se sistematizan los procesos, por ejemplo, introduciendo en los planes de estudio y de forma transversal la formación en emprendimiento para los estudiantes de grado y de master, los cuales tienen ante sí un mercado de trabajo harto complicado y para los que una solución sería el impulso del emprendimiento universitario.