
Como consecuencia de este escenario, junto a importantes problemas de trato (maltrato) fiscal, en Cataluña crece un separatismo, no visceral, entre personas que hace algún tiempo pensaban que habría soluciones menos traumáticas que la independencia. La falta de perspectivas de un cambio profundo se corresponde con la falta de valores de la sociedad y se llega a la conclusión de que solamente con la independencia se puede solventar el problema. Es cierto que se minimiza, se ignora o se oculta la existencia de una notable corrupción local, pero la central es de tal magnitud que sirve también como tapadera de la propia.
Este desmoronamiento institucional está intensificando las fuerzas centrífugas de tal forma que la reacción centrípeta del BOE no va a poder mantener el equilibrio durante mucho tiempo (aunque en estos casos la unidad de tiempo sea una generación). Una segunda ronda de fragmentación de "Las Españas", esta vez de radio de acción más cercano, se aproxima. La descolonización española no acabó en el siglo XIX.