
Un problema importante es que
quien tiene buenas ideas como creador, frecuentemente no tiene la voluntad o la
capacidad para ejecutarlas. Esto hace que el creador guarda su idea en un cajón
por si acaso algún día los idus de marzo le son propicios. De esta forma muchas
ideas de negocio brillantes permanecen archivadas durmiendo el sueño de los
justos y como consecuencia, como el perro del hortelano, ni el creador las explota,
ni deja que otros lo hagan.
La gran pregunta es cómo se
podrían liberar estas ideas de negocio de forma que sus creadores tuviesen incentivos
suficientes para que otros las explotasen.
En un mundo cada día más pequeño
debería ser posible que una persona de, por ejemplo, la India que tenga una
gran idea y que no puede o quiere impulsar en su país, pueda ponerla a
disposición de otra persona en cualquier otro lugar del mundo si está
interesada en ella y que esto suponga unos retornos para su creador. Este intercambio
de ideas haría un mundo más creativo y más justo socialmente dando
oportunidades a muchos que hoy día no las tienen.
Es evidente que para sacar
las ideas de los cajones se debería encontrar un método para poner precio a su
transferencia, porque lo hay que desterrar es el concepto de que en un proyecto
emprendedor no es importante el valor de las ideas.