El proceso
de creación de empresas durante la mayor parte del siglo pasado se entendía
como un paso más en el camino de gestionarlas correctamente para consolidarlas
y hacerlas crecer. Por eso se suponía que los mejores perfiles para crear
empresas de éxito eran los MBA y que el proceso para hacerlo consistía en trabajar
sobre un plan estratégico llamado Business Plan como hoja de ruta detallada del
camino que debía recorrer la empresa desde sus inicios.
Cuando en la
primera década de este siglo Steve Blank afirma que crear una empresa no es
gestionarla, que una startup no es una empresa en pequeño, sino un grupo de
gente a la búsqueda de un modelo de negocio, deshace el mito de que el mejor
emprendedor necesita tener el perfil de un MBA. Antes bien, un perfil clásico de
MBA resultaba ser opuesto al espíritu emprendedor. Por eso las escuelas de
negocio no son una fuente de emprendedores, sino que continúan siendo lo que han
sido desde su inicio, formadoras de gestores para ejecutar modelos de negocio
validados.
Sin embargo,
hoy día, el mundo empresarial está cambiando, sometido a una competencia internacional
tan feroz que necesitan dar respuestas dinámicas realizando cambios permanentes
no solamente introduciendo la innovación de productos y servicios, sino incluso
poniendo en cuestión sus modelos de negocio que consideraban como su base estratégica
más estable. Esto significa introducir el espíritu emprendedor en las empresas
consolidadas para convertirlas de alguna forma en startups, siguiendo el título
del último libro de Eric Ries: “The Startup Way”.
Las escuelas
de negocio tendrían que crear perfiles que puedan dar respuesta a los nuevos
retos para las empresas en el mundo que se aproxima. Esto significaría que
ellas mismas, como empresas consolidadas que son, tendrían que ser las primeras
en cambiar su modelo de negocio
introduciendo el espíritu emprendedor en su estrategia en lo que
podríamos decir que sería un camino de ida y vuelta.