domingo, 13 de noviembre de 2011

La innovación en política


Cuando hablamos de innovación, parece que es algo que concierne exclusivamente al mundo de las empresas y que si una empresa no innova, lo más probable es que antes o después acabe desapareciendo. También una sociedad democrática que generalmente es conservadora y poco innovadora, puede acabar desapareciendo por agresiones desde el interior o desde el exterior. La historia tiene una lista notable de ejemplos.
Cuando en una democracia los políticos se profesionalizan y piensan que son indispensables para que el sistema funcione, acaban intentando eliminar el espacio que separa los tres poderes montesquianos, controlándolos en la mayor medida posible. Es el gobierno de los peores. El problema no es de los partidos políticos, ya que su objetivo es el poder y si es posible todo el poder.  El problema es la dejación de los ciudadanos que lo permitimos y no establecemos mecanismos para limitar este asalto al poder. Por muchas razones, hay muchos ciudadanos que podrían hacer aportaciones importantes e independientes, pero que no desean participar de forma exclusiva en la política y dejar su actividad profesional, que en muchos casos es vocacional.
La sociedad debería crear vías flexibles para conseguir la participación directa de los ciudadanos en la vida política y en la toma de decisiones. Pero los partidos políticos, como es natural, no tienen ningún interés en cambiar unas reglas que pueden llegar a limitar su poder. Por tanto, si no se quiere intentar una innovación rupturista, la única opción para conseguir innovar es aprovechar las reglas de juego actuales.
La idea sería crear un partido político exclusivamente legislativo. Su objetivo sería la participación en el parlamento proponiendo o apoyando leyes, en particular aquellas de importancia clave ("metaleyes"), como por ejemplo, cambios en la constitución, leyes de referéndum, cambio de la ley electoral, etc. Sin embargo, no intervendría en trámites cotidianos, ni mucho menos ocuparía cargos en el gobierno.
El partido se presentaría a las elecciones como cualquier otro partido. Las personas que fuesen en las candidaturas deberían ser personas de gran prestigio que deberían mantener sus profesiones y no cobrar salarios permanentes (que volverían a las arcas públicas) pero si por sus intervenciones. Serían parlamentarios independientes políticamente a dedicación parcial.