domingo, 15 de julio de 2018

Jóvenes y seniors


Una cuestión importante en el mundo del emprendimiento es si los emprendedores han de ser jóvenes o también pueden ser mayores. Por un lado los jóvenes pasan por ser más creativos, dinámicos y apasionados, además, en general, no tienen responsabilidades familiares y pueden asumir mayores riesgos, sin embargo, a estos jóvenes les falta la experiencia y muchas veces una dosis de prudencia necesaria. Los inversores creen que los jóvenes y sobre todo aquellos para los el proyecto emprendedor es su vida son los objetivos en los que interesa invertir ya que se van a dejar la piel en el proyecto.
Hace unos meses estuve involucrado en una situación que responde a lo expuesto en el párrafo anterior. Tres socios, uno joven (a dedicación total) y dos mayores (a media jornada) habíamos impulsado un proyecto emprendedor dos años antes y habíamos llegado a conseguir un sistema hard-soft que empezaba a funcionar aceptablemente y teníamos los primeros clientes. A pesar de que el Modelo de Negocio no estaba totalmente validado, el socio joven quería crecer rápidamente y empezó a buscar inversores que finalmente propusieron entrar en el capital con la condición de que los socios mayores y no dedicados a tiempo completo, vendiésemos nuestra participación.
Los  socios seniors pensábamos que era precipitado hacer escalar la empresa en aquellos momentos pero ante una presión “todo o nada” decidimos aceptar las condiciones de los inversores y vender la mayor parte de nuestra participación. Más de medio año después de la entrada de los inversores, la empresa no está cumpliendo las expectativas con las que se presentó el proyecto a los inversores y la facturación está muy lejos de las optimistas previsiones iniciales.
Esto me lleva a pensar si es acertada la prioridad de los inversores cuando financian proyectos de emprendedores jóvenes y dejan en segundo término las inversiones en proyectos liderados por seniors.
En un estudio hecho por investigadores de varias instituciones americanas, como la Kellogg School  of Management, el US Census Bureau y el MIT, combinando diferentes fuentes de datos de la Administración de los EEUU y recogido en este artículo se muestra como las personas con experiencia crean más empresas y con más éxito que las personas jóvenes, por ejemplo, la probabilidad de éxito de un emprendedor de 50 años es casi el triple (2,8 veces) de la de un emprendedor de 25 años  y que son esos emprendedores seniors los que logran que sus empresas alcancen mayor tamaño que las creadas por los emprendedores de 25 años (1,6 veces).
De mi experiencia personal como emprendedor y como mentor, una buena mezcla de entusiasmo y experiencia pude ser la mejor combinación para triunfar en el mundo del emprendimiento. La opción no es jóvenes o seniors, sino jóvenes y seniors.

sábado, 30 de junio de 2018

El valor de las ideas

En emprendimiento es frecuente oír que las ideas de negocio no valen nada y que lo importante es su ejecución. Por eso se mantiene que es mejor un buen equipo con una idea mediocre que una buena idea con un equipo mediocre. Sin embargo, si no hay una buena idea detrás de una ejecución es difícil crear un negocio brillante por muy bueno que sea el equipo que la ejecute. En realidad, necesitamos las dos componentes para tener éxito, porque separadamente cada una de ellas es condición necesaria pero no suficiente. Es decir que el éxito se obtiene si las partes no solamente se suman, sino que se multiplican de forma que una idea diez con un equipo cero da un resultado nulo y viceversa.
Un problema importante es que quien tiene buenas ideas como creador, frecuentemente no tiene la voluntad o la capacidad para ejecutarlas. Esto hace que el creador guarda su idea en un cajón por si acaso algún día los idus de marzo le son propicios. De esta forma muchas ideas de negocio brillantes permanecen archivadas durmiendo el sueño de los justos y como consecuencia, como el perro del hortelano, ni el creador las explota, ni deja que otros lo hagan.
La gran pregunta es cómo se podrían liberar estas ideas de negocio de forma que sus creadores tuviesen incentivos suficientes para que otros las explotasen.
En un mundo cada día más pequeño debería ser posible que una persona de, por ejemplo, la India que tenga una gran idea y que no puede o quiere impulsar en su país, pueda ponerla a disposición de otra persona en cualquier otro lugar del mundo si está interesada en ella y que esto suponga unos retornos para su creador. Este intercambio de ideas haría un mundo más creativo y más justo socialmente dando oportunidades a muchos que hoy día no las tienen. 
Es evidente que para sacar las ideas de los cajones se debería encontrar un método para poner precio a su transferencia, porque lo hay que desterrar es el concepto de que en un proyecto emprendedor no es importante el valor de las ideas.


viernes, 15 de junio de 2018

El emprendimiento ha pasado del racionalismo al empirismo


El enfoque clásico de la creación de empresas era centrarse en la idea y el desarrollo teórico de la misma. La idea era lo fundamental y para que tuviese éxito se tenía que pensar en ella desde el principio y en todos sus detalles. Es un punto de partida que supone que todo conocimiento se adquiere a partir de la razón como aparece en filosofía en el siglo XVII con Descartes y continúa desarrollándose con pensadores como Spinoza o Leibniz.
El enfoque actual del emprendimiento está centrado en los clientes, porque no hay empresa si no hay clientes, y para tener éxito se ha de experimentar haciendo hipótesis y diseñando experimentos para confirmarlas o descartarlas en función de los resultados de las interacciones con ellos. En filosofía estaríamos hablando del empirismo, la corriente que en el siglo XVII con Locke y ya en el XVIII con Hume, mantiene que el conocimiento procede de la experiencia y donde no hay verdades absolutas, sino que hay propuestas que se han de poner a prueba.
En la actualidad el emprendimiento tiene en cuenta las ideas, pero estas se han de validar. Si en el siglo XX el emprendimiento era teórico, en este siglo el emprendimiento es experimental, es decir, que el emprendimiento ha pasado del racionalismo al empirismo.

jueves, 31 de mayo de 2018

Un camino de ida y vuelta


El proceso de creación de empresas durante la mayor parte del siglo pasado se entendía como un paso más en el camino de gestionarlas correctamente para consolidarlas y hacerlas crecer. Por eso se suponía que los mejores perfiles para crear empresas de éxito eran los MBA y que el proceso para hacerlo consistía en trabajar sobre un plan estratégico llamado Business Plan como hoja de ruta detallada del camino que debía recorrer la empresa desde sus inicios.  
Cuando en la primera década de este siglo Steve Blank afirma que crear una empresa no es gestionarla, que una startup no es una empresa en pequeño, sino un grupo de gente a la búsqueda de un modelo de negocio, deshace el mito de que el mejor emprendedor necesita tener el perfil de un MBA. Antes bien, un perfil clásico de MBA resultaba ser opuesto al espíritu emprendedor. Por eso las escuelas de negocio no son una fuente de emprendedores, sino que continúan siendo lo que han sido desde su inicio, formadoras de gestores para ejecutar modelos de negocio validados.
Sin embargo, hoy día, el mundo empresarial está cambiando, sometido a una competencia internacional tan feroz que necesitan dar respuestas dinámicas realizando cambios permanentes no solamente introduciendo la innovación de productos y servicios, sino incluso poniendo en cuestión sus modelos de negocio que consideraban como su base estratégica más estable. Esto significa introducir el espíritu emprendedor en las empresas consolidadas para convertirlas de alguna forma en startups, siguiendo el título del último libro de Eric Ries: “The Startup Way”.
Las escuelas de negocio tendrían que crear perfiles que puedan dar respuesta a los nuevos retos para las empresas en el mundo que se aproxima. Esto significaría que ellas mismas, como empresas consolidadas que son, tendrían que ser las primeras en cambiar su modelo de negocio  introduciendo el espíritu emprendedor en su estrategia en lo que podríamos decir que sería un camino de ida y vuelta.

martes, 15 de mayo de 2018

Vivir es emprender y emprender es vivir


La vida es sentir, idear, decidir y actuar. De sus resultados, especialmente de los negativos, aprendemos. Nuestro proyecto emprendedor es vivir cada día nuestro proyecto personal. Cuando más libertad tenemos para nuestro proyecto personal más emprendemos personalmente.
En el ámbito laboral, donde nuestras decisiones las toman otros y en algunos casos están totalmente detalladas por las reglas que la empresa nos impone. Es como si nuestra vida laboral fuera un algoritmo que alguien, no nosotros, ha programado y nos hace actuar como robots posiblemente para que en cuanto sea posible seamos substituidos por uno de ellos. Una buena parte de nuestro tiempo es la espera de que se acabe la jornada laboral para emprender nuestra verdadera vida. Solamente la mitad de nuestra vida es emprendedora (el otro tiempo que falta, dormimos).
Emprender es vivir porque cuando emprendemos un proyecto de negocio sentimos, ideamos, decidimos y actuamos. De sus resultados en especial de los fracasos, aprendemos. Emprender es vivir porque salimos de ese encierro laboral donde sienten, idean, deciden y actúan otros, y donde nosotros solamente ejecutamos. Emprender nos permite dar libertad a la mitad de la vida que hacemos de robots.
Con todos los riesgos e incertidumbres que suponen, vivir es emprender y emprender es vivir.